La Caja de Cerillas nació como nacen las cosas honradas: con un nombre que se quedó pegado, con una sala que cabe en una mano y con una cocina que no necesita gritar para hacerse oír.
Aquí se cocina lo que se ha cocinado siempre en esta ciudad. Lo que comían las abuelas. Lo que olía la escalera los domingos a la una. Lo que un cocinero solo se atreve a hacer cuando ya no tiene nada que demostrar.
Reservar es casi obligatorio. Y volver, casi inevitable.
Enrique Valentí pasó dos décadas en fogones ajenos antes de abrir el suyo. Sabe que un guiso no se acelera, que una salsa pide su tiempo y que una tortilla es la última cosa sencilla que queda en la cocina española.
En la Caja de Cerillas cocina lo que comería en casa, hecho como nadie en su casa tiene ya paciencia para hacerlo.






No es una bodega larga; es una bodega elegida. Cada referencia tiene un porqué: un viticultor que conocemos, una añada que nos gusta, una uva que casa con la carta. Pregunte al maître — sabe qué descorchar antes de oír el pedido.
Por copa y por botella. Catas privadas con previa reserva.
Servicios de comida y cena, martes a sábado. Cerramos domingo y lunes. Si la fecha que busca no aparece, escríbanos: a veces aparece un hueco.
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